
¿Hacia dónde vamos en gestión de datos?
LOS DATOS, AMIGOS INSEPARABLES DEL HOMBRE
Desde que el hombre comenzó a caminar erguido entendió que la única forma de tener algún control sobre el entorno -y sobre los resultados de sus actividades- era llevar registros con datos.
Se han encontrado calendarios grabados en huesos con marcas para seguir el ciclo lunar que fueron hechos hace 32.000 años. Más cerca en la historia, sobre el año 1.800 AC, sumerios, babilónicos, egipcios y griegos aportaron herramientas para registrar ciclos solares, trayectorias de planetas, eclipses, y demás fenómenos naturales.
Estos registros les permitieron reconocer la presencia de ciclos regulares y sus periodicidades, así como su influencia en las estaciones, las mareas, las sequías, las migraciones de animales y más. La periodicidad de los fenómenos registrados les permitió predecir su ocurrencia, y por lo tanto planificar las actividades agropecuarias básicas, definir épocas de siembra y cosecha, y con ello períodos de escasez y de abundancia. Desde allí a la necesidad de diferir o almacenar, y al perfeccionamiento del comercio hay un paso.
En las culturas andinas, sobre todo en los Incas, se utilizaba un sistema de registros llamado quipus, una serie de cuerdas anudadas de diferentes colores que almacenaban información. Los nudos indicaban cantidades, cada tipo de nudo y su posición en la cuerda representaba un valor numérico, y de esa forma llevaban registros contables, información histórica y todo tipo de datos.
Podríamos seguir citando ejemplos de culturas y herramientas creadas para almacenar datos, y todos nos llevarían a la misma conclusión: desde hace varios miles de años el hombre ha entendido que el registro de datos es la base para conocer y dominar al medio en el cual habita, lo cual incluye -por supuesto- a las actividades productivas.
Mucha agua ha pasado debajo del puente desde aquel hueso tallado, o desde aquellas cuerdas anudadas hasta nuestros días, y sobre todo en los últimos cuarenta años hemos sido testigos de un desarrollo exponencial en los medios y técnicas para almacenar datos, procesarlos y analizar resultados.
Estos avances han permitido que el hombre tenga a su disposición las herramientas para registrar, procesar y analizar datos, pero además puede hacerlo a velocidades antes impensadas -en tiempo real- esté donde esté y a costos muy accesibles. Entonces ¿por qué solamente el 38% de las empresas del sector agropecuario llevan registros adecuados y compatibles con un nivel de gestión mínimo? ¿Qué sucede con el resto de las empresas?
Si todos estamos de acuerdo en que es infinitamente mejor tomar decisiones basadas en datos de calidad que basarnos en la intuición, si sabemos de sobra que la gestión de los datos es la diferencia entre la improvisación y la planificación, entre el azar y la certidumbre, entre riesgo y seguridad, ¿qué factores llevan a ese 62% de empresarios agropecuarios a aferrarse a los quipus sacrificando los beneficios de una gestión moderna?
Factores de anclaje en el pasado
Podemos delinear varias teorías sobre los motivos que llevan a casi dos tercios de los empresarios del sector agropecuario a no utilizar las herramientas que el sector de las TICs ha puesto a su disposición a dos décadas de iniciado el siglo XXI.
Es necesario mencionar en este punto la falta de trabajos de investigación específicos para este tema, pero trataremos de llenar los huecos con resultados de 30 años de experiencia directa y con conclusiones de largos intercambios realizados con colegas extensionistas.
Desconocimiento
En muchos casos puede suceder que el empresario no conozca las alternativas que tiene a su disposición para mejorar la gestión de datos. Este factor puede estar asociado con los dos siguientes -formación y economía de escala.
Formación
El nivel de formación del empresario sin duda tiene una correlación directa con la adopción de herramientas de gestión y de procesamiento de datos.
Economía de escala
La escala -e incluso el tipo de empresa- tienen relación directa con la adopción de herramientas de gestión. Como se dijo, empresas pequeñas y de personas físicas, de perfil familiar tienden a tener menos niveles de gestión que empresas de mayor tamaño, o aquellas que son personas jurídicas (sociedades, cooperativas, etc.)
Integración, asociatividad o pertenencia a grupos
Grupos de productores, cooperativas, sociedades de fomento rural y toda forma de integración que vincule al productor con sus pares favorece la adopción de herramientas de gestión de datos. Esta incidencia aumenta si la institución u organización brinda asesoramiento técnico.
Costos (relación costo/beneficio)
La baja percepción de retorno inmediato y los costos iniciales de la inversión en tecnología puede desestimular la adopción de herramientas, sobre todo porque suele percibirse este desembolso como un gasto y no como una inversión.
Barreras tecnológicas
En algunos casos pueden existir temas de conectividad, e incluso dificultades de acceso a energía eléctrica, u otras barreras tecnológicas que dificulten la adopción.
Resistencia cultural al cambio
En muchos casos predomina una cultura empírica, donde la experiencia práctica (el “saber de campo”) se pondera más que los datos y su procesamiento moderno. El hecho de que la edad promedio de los productores es mayor a 55 años produce la llamada brecha digital generacional.
Desconfianza (seguridad y propiedad de datos)
Este punto se observa sobre todo en la adopción de aquellas herramientas que alojan información en la nube. La duda lógica sobre el destino y uso de esos datos por parte de gobiernos, instituciones, organismos tributarios, empresas de servicios y demás actores puede frenar la adopción.
Escasez de asesoramiento técnico local
Dado que en general las empresas pequeñas y de tipo familiar son las que menos acceden a este tipo de servicios es válido pensar que existe una correlación directa entre escala, naturaleza familiar de la empresa, asociatividad, asesoramiento técnico y adopción.
Nótese que en general las empresas pequeñas, familiares, no integradas y que no disponen de recursos para solventar asesoramiento técnico serían atendidas por programas públicos, vinculados tanto a organismos nacionales como locales.
Varias conclusiones son evidentes: en primer lugar el listado anterior no es taxativo, y en segundo lugar los factores mencionados son no excluyentes, verificándose en la práctica la superposición de varios de ellos. Lo cierto es que este listado sirve de punto de partida para imaginar soluciones que reviertan la situación diagnosticada.
¿Qué hacemos con los rezagados?
Si analizamos las posibles causas de no adopción detalladas más arriba, es fácil identificar una serie actores y acciones que permitirían destrabar la situación diagnosticada.
– Técnicos asesores y extensionistas deberían investigar las alternativas disponibles en su rubro y asesorar a los productores -teniendo en cuenta su escala, sistema productivo, nivel de formación- sobre las ventajas de adoptar herramientas de gestión de datos.
– Instituciones educativas deberían diseñar y ofrecer cursos y programas de formación que permitan a los productores recorrer un camino ascendente, cuyo objetivo final sea la aplicación de herramientas de gestión y análisis de datos que les ayude a escalar hacia niveles de gestión empresarial más profesionales.
– Instituciones sociales y/o asociativas deberían ofrecer a sus afiliados tanto jornadas de formación y entrenamiento como servicios de extensión y asesoramiento que permitan a los productores adquirir conocimientos y confianza en herramientas de gestión de datos modernas.
– Organismos públicos nacionales y departamentales deberían tener programas de extensión y formación diseñados específicamente para aquellos productores que debido a sus características estructurales no puedan encarar por si solos un proceso de mejora en la gestión.
– Empresas del sector informático y TICs deberían generar soluciones específicas para diferentes rubros y situaciones productivas, que a su vez integren la gestión de datos entre los diferentes actores de las cadenas agroalimentarias (producción primaria, transformación industrial, transporte, distribución, comercialización), agregando valor mediante recursos como la trazabilidad.
Finalmente y como marco general, el Estado debería asumir políticas integrales que coordinen los esfuerzos de los actores mencionados, ordenando el proceso y evitando la duplicación de iniciativas. Esta participación estatal se justifica por partida doble, ya que además de generar las condiciones para que las empresas mejoren sus niveles de gestión -y sus resultados-, el Estado se beneficiará con un mayor conocimiento de las realidades sectoriales, insumo fundamental para el diseño y desarrollo de políticas públicas.
¿Seremos capaces de lograr que un 62% de las empresas agropecuarias dejen de hacer nudos en quipus y adopten herramientas propias del siglo XXI?
¿Hacia dónde va el mundo de los datos?
Mientras los productores agropecuarios dudan o adoptan herramientas de procesamiento de datos a un ritmo lento, el mundo sigue girando y para colmo el sector de las TICs se desarrolla a velocidades cada vez mayores, aumentando la brecha digital cada día.
Hace pocos años era de pioneros llevar registros agropecuarios en una planilla de cálculos o en un software de registración específico, mientras que hoy es imprescindible manejarse con programación lineal, simuladores, herramientas de análisis predictivo, mapeo de escenarios y gemelos digitales, entre otros.
La integración en tiempo real de datos -externos e internos- de la empresa, incluyendo IoT, sensores, drones, robótica, reconocimiento de patrones con IA, control satelital y monitoreos en vivo, entre otros, ha revolucionado la gestión en empresas de toda la cadena agroalimentaria, llevando la recolección, el procesamiento y el análisis de datos a un nivel de excelencia.
La aplicación de estas herramientas ha permitido aumentos de eficiencia en el uso de los recursos, mejoras en la productividad, disminución de costos de producción, mejoras en seguridad alimentaria, disminución de riesgos, mayor adaptación de estrategias, reducción de emisiones, empresas más sustentables, pero por sobre todo ha aumentado la calidad de vida de los productores y sus familias y fortalecido la actividad empresarial.
Y todo se ha basado en la sencilla premisa de mejorar la cantidad y calidad de datos, para permitir que se tomen decisiones basadas en información.


